jueves, 12 de enero de 2012

Eres.....tú
¿Acaso eres tú?
El que siempre esta rondando por aquí... el que sonríe y me gobierna... tu... el infeliz
Tu voz.... tu esencia me retumba a cada momento que te presentas...
Tú.... ingrato... insensible y voraz
¿No comprendes lo que te digo?... ¿lo que con desesperación te digo?
Eres ingrato
Yo... solo te miro...
En silencio repudio y adoro tus palabras... tus travesías y aventuras
Exasperan
Fastidian y me matan
Me encoleran tan de pronto
Calla... guarda silencio
Ese silencio que adoro de ti... basta
Eres ingrato
Eres fluorescente y te esfumas
Pero... sigues aquí
Rondándome... aniquilándome a cada sonido y movimiento que tu haces
Me vuelves loca... y me arrebatas el aire
Me asfixias... y solo sigues ahí de pie o sentado, sonriendo o guardando silencio... solo mirándome... como si de entretenimiento me tuvieras
No me es preciso preguntar... ni deseo saber el por que...
Pero desfallezco a cada momento... a cada momento al sentirme a tu merced... no lo tolero
No lo tolero... pero no lo repudio.

lunes, 9 de enero de 2012

Los tiempos perdidos y la sonrisa amarga.

Los tiempos perdidos y la sonrisa amarga.


La expresion del rostro de Hector al verme empacar mis maletas con la intencion de salir de casa no fue la que exactamente yo esperaba. Su expresion era de resignacion y silencio. Me miraba solamente desde el marco de la puerta sin intencion de decirme que me detuviera, que por el amor que en algun momento le profese no lo abandonara. Pero no lo hacia, el sabia a la perfeccion por que lo hacia. Yo ya no lo amaba mas. Para ambos fue dificil decirnos o no adios, pero lo aceptamos. Habiamos pasado los ultimos 6 años de nuestra vida ligados en union matrimonial. Fue una descion apresurada la que tomamos al casarnos, pues no teniamos ni un par de meses de conocernos; pero fue a primera vista lo que el corazon de ambos sintio intensamente por el otro y eso no podiamos negarnoslo. Fue algo sumamente intenso, los años que pasamos juntos fueron todos en su mayoria satisfactorios. Pero estabamos viviendo una mentira, ninguno amaba al otro de la manera en que se suponia, solamente nos habiamos aferrado a ese sentimiento que no habiamos sentido por nadie mas y ¿como ibamos a saber que era verdadero? Eramos solamente un par de chiquillos dejandose llevar por el momento tan placentero que fue la vernos. Pero a pesar de todo eso, de la costumbre que ya habiamos creado al convivir por tanto tiempo no fue suficiente para mantenernos juntos, para evitar que mis ojos se pusieran de pronto sobre otro hombre y que mi corazon volviera a latir como un loco como lo hizo con el. Cuando se escucho el ultimo “click” del cerrar de mi maleta me quede en silencio junto a la cama mirando la maleta por un momento, para luego mirar a Hector quien me miraba con atencion, con una expresion melancolica y resignada....

“Creo que es todo.” dije cortando el silencio que se habia forjado a nuestro alrededor. Un suspiro por parte de el me hizo sentir la piel chinita volviendo la mirada hacia la maleta que yacia en la cama. Hubiese preferido no haber sido sincera con el, decirle solamente que me iba por que ya no lo soportaba, la monotonia, la rutina de todos los dias a su lado. Pero eso seria mentirle terriblemente a la cara y sobre todo el y yo eramos sinceros el uno con el otro y a pesar de que esta situacion seria una sumamente dificil para el, tenia que serle sincera. No fue placentero, en lo absoluto no lo fue, pero fue mucho mejor de lo que yo esperaba. Queria ver enojo en sus ojos, que su voz se levantara de pronto y me hiciera estremeserme, sentir que la culpa que llevaba dentro de mi pecho tenia una razon. Pero en lugar de todo eso que merecia, recibi una sonrisa triste, me miro a los ojos y dijo

“Ya lo sabia, ya me veia venir esta conversacion.” y tras esta frase se encogio de hombros poniendose de pie de forma lenta y con una carga emocional que me hacia sentir los ojos de pronto llenos de lagrimas sin poder dejar de mirar como el queria alejarse de mi de pronto. Me dolia haberlo puesto en esa situacion, hacerlo sentir eso, pero era lo mejor, ser sinceros siempre fue lo mejor para ambos. Y ahora que estaba a punto de dejarlo para siempre y de una buena vez ese sentimiento de culpabilidad no se habia ido del todo. Baje la maleta tomandola con fuerza mirandolo si a penas aun estar ahi estatico en el marco de la puerta, mirando lo que habia sido nuestra habiatacion...

“Por favor prometeme algo.” dijo el al momento de que nuestras miradas volvieron a cruzarse. Contuve la respiracion y guarde silencio... “Prometeme que cuando te des cuenta de que estas sumamente lejos volveras a mi.” el silencio volvi a apoderarse de la habitacion y mirandolo al momento de que una lagrima vaga se queria escapar de mis ojos respira profundamente sonriendo con un tinte de dolor y amargura al escucharle decir estas palabras, palabras que habiamos dicho el dia en que nos comprometimos.

jueves, 3 de noviembre de 2011

La ultima desaventura.

Aquel retraso parecía ser de nueva cuenta obra del destino, pues desde que había salido de casa para hacer aquel esperado viaje todo había sido complicación, tras complicación. Pero ahora la pregunta era ¿Qué hacer? Estaba ya atardeciendo, su última comida había sido horas atrás y el dinero en sus bolsillos si apenas alcanzaba para obtener algo decente donde quedarse a pasar la noche y comer, quedando así a expensas de lo que pudiera ocurrir a la mañana siguiente…

-No podía pasarme esto a mi…- decía ella al tomar la mochila que se encontraba a su lado al estar sentada en aquel banco, mirando de un lado a otro a las pocas personas que como ella habían terminado varados en aquella estación. Al poco tiempo su mente comenzó a elaborar un plan que tal vez le ayudaría a pasar la noche. Días atrás al estar de paso por la ciudad había conocido a un joven de la facultad de literatura de la ciudad que le había ayudado aquellos tres días que había conseguido quedarse y que le había traído hasta la estación aquella misma tarde. Tomando su mochila no queda mas que ponerse de pie y buscar de donde comunicarse con Juan Carlos, pero el teléfono móvil que uno de sus hermanos mayores le habían proporcionado al ella marcharse de casa se había estropeado en una de sus desaventuras de los ríos que le habían quedado de camino. Su aspecto no era mejor que el de algún vagabundo residente de la ciudad así que la gente le miraba con extrañeza. Mas Liliana siempre fue lista para salir de aquellas situaciones que le ponían en un dilema como aquella…

-Disculpe que los moleste… pero me he quedado varada y…-

-No, ahora no… con permiso- le interrumpía la voz grave de la joven pareja que esperaba que le ayudasen al prestarle su móvil, mas con algo de temor se alejaban de ella y la miraban como un ser insignificante y peligroso, reacción que era tan común a cada parada que había hecho. Más sin perder la esperanza siguió preguntando persona tras persona recibiendo la misma respuesta una tras otra. La desesperación comenzó a hacerse parte de ella y dándose por vencida volvía a sentarse a aquel banco donde había estado esperando…

-Nunca voy a salir de aquí…- decía al respirar profundamente y cerrar los ojos al acomodarse en su asiento esperando descansar un momento y pensar por un momento que otra cosa podría ser posible para salir de ahí. El pedir ayuda de las personas no había funcionado por aquel viejo estigma o temor que la sociedad tenia sobre los que como Liliana habían recorrido kilómetros, sin la posibilidad de tomarse una buena ducha o lavar sus ropas. Para el mundo ella había dejado de ser aquella joven con licenciatura en medicina y pasaba a ser una joven vagabunda que podría hacer cualquier cosa para obtener ayuda. En aquel momento Liliana sentía que todas las puertas se habían cerrado y que la única opción seria quedarse en aquel banco y dormir hasta la mañana siguiente…

-Señorita… lamento esto pero por favor tiene que dejar la estación, debido a que esto no es un hotel o algo parecido- le informaba de momento uno de los miembros de seguridad de la estación…

-No, no… es que usted no entiende no tengo donde quedarme y mañana por la mañana saldrá mi autobús…-

-Lo siento señorita… pero tiene que retirarse-

-Por favor, no me moveré de este banco… necesito quedarme en algún sitio, ya es de noche y no tengo dinero yo…- suplicaba con desesperación al tratar de no llorar por aquella falta de cortesía solo por su apariencia, pues a su alrededor podía observarse a otras personas descansando en espera de su autobús…

-Por favor acompáñeme…- y sin más tomándola de uno de los brazos sin resistencia Liliana terminaba fuera de la estación, como un vagabundo más. En aquellos momentos ya no había otra opción más que gastar sus últimos 400 pesos en una habitación y esperar que al día siguiente, algún milagro se le presentara.

El viaje lleno de desventuras estaba comenzando a cansar a la joven de 24 años que hacia 6 mese había salido de casa. Ahora fuera de la estación, con su mochila sobre el hombro y un camino por recorrer tenia la esperanza de encontrar a alguien que le pudiera ayudar, o bien un teléfono publico del cual se pudiera comunicar con Juan Carlos, aquel que a pesar de su apariencia malgastada le había brindado una mano. Pero la noche hacia peligrosa cualquier calle en aquella ciudad donde todo podía suceder. El temor en las noches siempre solía florecer en Liliana, pues era cuando menos le gustaba encontrarse sola y era el único temor que aun no podía derrotar. Sujetándose con fuerza de tirante de su mochila solo miraba alrededor alerta, esperando encontrar un sitio donde poder quedarse, pero parecía que de antemano todo establecimiento había desaparecido, y ahora todo lugar que le hubiera parecido cerca por la tarde parecía tan retirado por la noche. De pronto al verse en ningún lado el paso de Liliana se detenía por completo y con temor miraba de un lugar a otro, mas no se veía ningún establecimiento, ni la estación de autobuses y mucho menos alguna persona que le pudiera ayudar. Para aquel momento Liliana había quedado desamparada y perdida en medio de la nada, en una ciudad donde nadie le brindaría una mano, donde la única persona que le ayudaría se encontraba lejos y con la idea de que ella ya había partido, había iniciado su última desventura.

“Noticia de ultimo momento, alrededor de las 10:24 am se ha encontrado el cuerpo sin vida de una joven, cuya identidad aun es desconocida. Se le encontró con la ropa desgarrada y alrededor de ella, lo que se cree eran sus pertenencias. Se mostro con un gran numero de hematomas en todo el cuerpo, así como rastros de una posible violación. Por ultimo se presume que la joven iba de camino a la estación de autobuses debido a la poca distancia que se le encontró de aquel lugar.”

.Pecado.

Era la primera vez que mis ojos se posaban en algo que me interesara de repente. No la habia visto nunca en aquel lugar, y al preguntar a uno de mis companieros me informaron que ella se encontraba siempre en el mismo lugar, en la misma silla, tomando la misma bebida desde siempre los sabados en la noche. Yo igual siempre me encontraba en aquel bar cerca de la oficina donde tenia trabajando por mas de dos anios. Nunca la habia notado hasta aquella noche en particular cuando la vi de frente al verla llegar al bar; lllevaba puesto un vestido de cocktel negro, zapatos de tacon alto y una elegante pulsera como unico accesorio. Su cabello era corto y color café oscuro que hacia resaltar el maquillaje de sus ojos y el brillo de estos mismos. Quede perplejo y solo podia mirarla de reojo, observando como un sujeto tras otro se acercaba a ella tratando de entrar a su privado mundo, donde solo era ella, un libro, un martini y la tenue luz del local. A cada uno lo rechazaba y mis deseos de acercarme a ella se incrementaban, pero un cierto nerviosismo que pocas veces habia sentido para acercarme a una mujer de pronto se hacia presente. Mis amigos Isaia y Marco me insistian en acercarme a ella, cosa que no era extrania pues hacia mas de 7 meses que habia terminado una relacion para nada agradable. Trate de animarme a acercarme a ella, mas cuando podia sentir el valor correr por mi cuerpo ella sutilmente se ponia de pie y se alejaba para salir del bar. Quede mirando hacia aquella direccion por unos segundos sintiendo algo extranio al perder la oportunidad de acercarme a ella, pero de alguna manera me impulsaba igual a volver al bar, la siguiente semana, a la misma hora esperando que lo que me habian informado sobre ella fuera verdad.

Paso el fin de semana y por el trabajo logre apartarla de mi mente por ratos, mas cuando me encontraba dentro de aquellos momentos en los que no habia mucho que hacer en la oficina, no podia evitar mirar al cielo y recordar el delicado y palido rostro de aquella misteriosa mujer que me intrigo tanto de momento, mas al poco de pensarlo me daba cuenta de que era tonto pensar en ello pues no la conocia, era una completa extrania que no tenia ningun derecho de acaparar mis pensamientos así tan de repente. Así que cerrando los ojos y respirando profundamente me forzaba a encontrar alguna otra que hacer y mentener mi mente distraida sobre aquello.
Así paso toda la semana y para cuando llego el dia que habia propuesto para acercarme a ella sentia que estaba mas nervioso y a la vez tan ansioso por volver a verla.
Como de costumbre mis amigos y yo nos sentamos al lado izquierdo de la barra donde podia ver con claridad la mesa en el rincon cerca de la puerta que tenia un letrero con la frase “Reservado” en espera a que ella llegase a ocupar su lugar. Me senti bien y tome mi primer trago de cerveza, mirando de reojo a la mesa solo esperando el momento de verla entrar por aquella puerta. Pero paso una hora y no habia seniales de ella, no me desespere, llame al hombre que de costumbre vendia rosas en el bar y le pedi que dejara una rosa roja en la mesa reservada para ella con la esperanza de que aquel detalle le arrebatara algun sentimiento agradable, le hiciera sonreir y de alguna manera me facilitara el ir a acercarme a ella. Inquieto segui esperando, tomando mi 4 cerveza para cuanto eran ya las 10:27 de la noche, mis amigos charlaban como era de costumbre mas yo por primera vez me mantenia distante de su platica al estar a la espectativa de verla llegar. Mas pasaron un par de horas mas y nada, mis Isaia insistio que nos fueramos del lugar pues a la maniana siguiente debiamos asistir a una capacitacion de la empresa. Trate de rehusarme, mas sabia que no tenia ningun caso, era tarde y ella no habia asisitido a la cita que pense el destino se encargaria de programar. Con un ultimo respiro de esperanza mire hacia todo alrededor del bar buscandola mas no se encontraba alli.

Al paso de la semana siguiente trate de olvidar poco a poco y con los dias funciono, regrese a mantener distraida mi mente en otras cosas y mantenerla alejado todo pensamiento relacionado con ella, su marca en mi habia desaparecido yno la recordab mas. A la maniana de un domigo, mi unico dia de descanzo decidi salir a correr por la maniana, para relajarme un poco despues de la tension de una larga semana de trabajo. Por mi mente en ningun momento regreso la imagen de aquella mujer y habia conocido a una secretaria del departamiento de administracion llamada Marla, con la que de inmediato sentia lgo especial y comenzamos a salir con el resto de los chicos de la oficina. No sabia si ella se interesaria en mi de alguna forma, pero al menos una agradable amistad estabamos entablando. Aquella maniana mientras corria alrededor del parque cercano a mi departamento comenze a pensar en como invitaria a Marla a una cita solo ella y yo. Lo mas correcto seria una cena donde pudieramos charlar, pero a la vez pensaba en llevarla a algun lugar mas divertido como al billar o los bolos. Trataba en verdad de prepararlo todo perfecto, mas de pronto frente a mi vi la figura de una mujer que corria a la distancia. Su fisonomia me parecia tan familiar y una extrania sensacion comenzo a recorrerme cuando apresure el paso para alcanzarla para descifrar quien era. Al estar a un metro o un poco mas de distancia aproximada mente le reconoci de inmediato, era ella y mi mente se paralizo. En aquel momento recorde la noche en que la vi por primera vez, la noche siguiente en que ansioso le esperaba y nunca aparecio retrayendo aquellos nervios y extrania sensacion que recorrio mi cuerpo de arriba hacia abajo. Comenze a olvidar lo que estaba en mi mente minutos atrás y comenze de nuevo a pensar como acercarme a ella, esta oportunidad no podia dejarla pasar, necesitaba acercarme a ella, mirarle a los ojos de nuevo y escuchar su voz. Ella de pronto aumento la velocidad y rapidamente comenzaba a alejarse de mi. Debo ser sincero al verla correr así de rapido comenze a preocuparme por que mi condicion nunca que buena y nunca me habia mantenido en forma, corria solo en ocasiones muy distantes, pero no iba a permitir que aquello impidiera que le dirigiera la palabra. Así que aumente la velocidad de igual forma y volvi a acercarme a ella quedando atrás de ella por menos de un metro, mi respiracion agitada me impidia decirle algo para llamar su atencion, mas segui corriendo esperando poder llegar a sulado y tratar de detenerla aunque fuera con un pateticas senias a mi imposibilitada respiracion. No se como ni de donde consegui las fuerzas necesarias para mantener su ritmo y a la vez poder alcanzarla, pero lo habia logrado, dentro de mi aunque agotado me sentia satisfecho y alentado a dar el siguiente paso de hablarle y hacer algo para acercarme. Mas al hacer contacto con su mirada mi corazon se paralizo, literalmente. Cai al suelo, tratando de respirar, sintiendo que mi corazon no latia mas, un dolor insoportable me recorrio el cuerpo y miraba al cielo nublado de aquella maniana, pensando en que iba a morir. Desesperado di mi ultimo aliento y lentamente comenze a cerrar mis ojos, pero antes de caer en la oscuridad vi como la silueta de ella se acercaba a mi dejando me ver una borrosa sonrisa y un mirar sin brillo que me llevaba a la oscuridad sin mas remedio.

Despues de aquello no sabia exactamente que sucedia, solo podia verme a mi mismo a los lejos, al otro lado de un largo pasillo oscuro donde se encontraba una luz alumbrandome. Me podia ver aterrado, de rodillas, con un sudor nervioso y un manto de lagrimas en mis ojos. Trataba de acercarme para entender que estaba sucediendo mas si n importar cuantos pasos lograra dar, no me acercaba ni un centimetro siquiera. Queria gritarle al yo que se encontraba en aquell posicion, debil y expuesto, mas mi voz no se escuchaba en ningun rincon. Desesperado, trate de salvarme a mi mismo, mas de pronto solo pude ver como me miraba aquel yo que se encontraba sometido, con una mirada aterrada y podia ver como sus labios se movian tratando de decirme algo, mas solo escuche por ultimo un horrible sonido que me hacia abrir los ojos, cegandome de pronto por la luz tan blanca que entraba a la habitacion. Cuando recupere la vista, observe a mi alrededor y vi a mi madre aun lado, con lagrimas en los ojos y una sonrisa que me confundia un poco. Pregunte que habia sucedido y mi madre solo me dio el vago detalle de que habia sufrido un fuerte ataque al corazon, que me habia dejado inconciente por mas de 4 minutos y aquello habia causado un coma de 2 semanas. Me quede sorprendido y poco a poco comenze a recuperarme. Ya no recordaba nada de lo que habia sucedido antes del ataque ni de lo que habia visto despues.

Tuvieron que pasar 2 meses para recuperarme totalmente y regresar a mi vida cotidiana. En todo aquel proceso Marla se encontraba conmigo y aquello me hizo proponerle que fuera mi novia, ella acepto y eramos una pareja agradable, que pasaba un excelente tiempo. En aquellos dias por mi cabeza nunca pasa de nuevo aquella imagen de aquella mujer y era feliz. Así pasaron 7 meses y a mi mente se vino la idea de hacer Marla mi esposa. Era una mujer encantadora, era hermosa y sentia que la amaba.
Una noche despues de dejar a Marla en su casa iba dentro de mi coche. Eran alrededor de las una de la madrugada y las calles se encontraban un poco desiertas. Encendi la radio y con una sonrisa de satisfaccion, en mi mente solo pasaba el recordatorio de que al dia siguiente, despues de un agradable paseo por su parque favorito, despues de la cena mas agradable en el restaurante donde le pedi que fuera mi novia, le haria la gran pregunta esperando que ella respondia que si. Me distrai de pronto y no vi que una joven cruzaba la calle, y a punto de atropellarla logre frenar el auto gracias al freno de emergencia y sali del automovil de inmediato. Me acerque a ella rapidamente pues se habia quedado paralizada, por el miedo suponia yo, en medio de la calle. Le pregunte si estaba bien y ella me respondio solo moviendo su cabeza y mirandome fijamente a los ojos. Al descifrar su mirada me los recuerdos sobre ella regresaron a mi mente como un millon de destellos a la vez, que me dejaron un poco aturdido y confundido. La mira fijamente tratando de recordar de momento por que me parecia tan familiar, ninguna suerte tuve. Le ofreci llevarla a casa y ella accedio. Durante el camino un silencio extranio se apodero de nosotros y solo se podian sentir las miradas de reojo que uno hacia al otro. Cuando llegamos por fin ella sonrio ligeramente y me miro fijamente con una expresion mas tranquila y me invito a pasar por algo de beber en agradecimiento de lo que habia hecho por ella. Era tarde y trate de rehusarme, mas su insistencia y mi debilidad por no ser descortes me hicieron acceder a la invitacion y subimos hasta su departamento. Al encontrarnos arriba, justamente al entrar senti una extrania energía que me hizo erizar la piel; en aquel momento debi de haber regresado y dejarla ahí, mas inconcientemente pase y tome lugar en la pequenia sala. Ella de inmediato se fue a la cocina para traer algo de beber, yo al estar ahí solo me dedique a observar alrededor mirando las fotografias que habia por toda la sala. Cada una era de una persona diferente, pero ninguna era de ella, pense que podrian ser sus familiares y solo las miraba con curiosidad. Cuando ella regreso de la cocina, no era un café lo que traia en las manos y mi mirada se quedo perpleja al verla de pronto vistiendo un atrevido juego de lenceria rojo…

-Ven…- dijo ella con una voz sutil y yo me quede a su merced como si de un hechizo se tratase. Al ir acercandome a ella recorde el primer dia en que la vi y mi piel se erizo, mis instintos se excitario e hicieron imposible el que me detuviera al estar frente a ella y tomarla con un movimiento algo brusco y por fin besar aquellos labios que me habian tentado desde hacia tanto tiempo. Olvide a Marla y todo lo que habia vivido con ella despues de tanto tiempo con el paso de que las prendas se iban desprendiendo de mi cuerpo y el de ella. Besando su cuello recorde el inicio del dia en que me habia dado el ataque y con movimientos desesperados, ansiosos, la tumbe en el sillon besando sus pechos con desperacion, moviendo mi cuerpo sobre el de ella escuchandola jadear, sintiendo nuestro calor, poco a poco iba a perdiendo el control. No lo soportaba mas y en el instante previo a la union de nuestros cuerpos, un recuerdo mas se apodero de mi cabeza, aquella sonrisa y aquella mirada que borrosa me habian despedidos me hicieron detenerme en seco y mirarla a los ojos para encontrarme con aquella expresion tan seca como la vez anterior, sentia miedo y me aleje de ella sin decir nada, senti de momento que debia salir de ahí a cualquier costo. Pero me senti de pronto debilitado y cai al suelo mirandola de reojo como desnuda, segura de si y con aquella sonrisa que aterrorizaba se acercaba a mi…

-Vez como los hombres caen ante la lujuria… se ciegan sin importarles que puedan perder todo lo que aman- dijo ella con un tono de voz diferente al que le habia escuchado anteriormente. No entendia sus palabras y le miraba de reojo para luego mirar alrededor de la habitacion, percatandome que no era la misma, sino que era la sala de la casa de Marla. Me senti nervioso y queria escapar de aquel lugar pues no podia creer lo que mis ojos veian. Pero de pronto escuche la voz de Marla desde la planta superior de la casa, mientras que aquella mujer que de momento no reconocia, me tenia a sus pies, me sentia tan debil y sometido y recorde aquella extrania imagen que habia visto de mi mismo mientras estaba en coma. Deseperado y nervioso comenze a sudar y temblar pues aquello no podia ser verdad, no podia ser que yo mismo hubiera llegado a esa situacion. Mis ojos se llenaron de lagrimas cuando volvi a escuchar la voz de Marla llamandome, necesitaba hacer algo y mirando a aquel demonio frente a mi implore por que me dejara salir de aquel lugar, mas ella solo reia y se acercaba a mi, moviendome a su voluntad, tomandome del rostro mientras ella se recostaba frente a mi mentras yo estaba de rodillas. Cuando senti que estaba liberado…Marla se encontraba en la mitad de las escaleras mirandome horrorizada, triste y con las lagrimas incontrolables cayendo de sus ojos…

-Marla… no me mires… ¡No me mires así!- grite y recorde que era como al verme a mi mismo. No pude dejar de mirar a Marla cuando la vi tratando de volver hacia arriba cuando por la conmocion de todo aquello la hizo tropezarse con sus propios pies, haciendola caer de espaldas por las escaleras, golpeando su cabeza contra uno de los filos de los escalones, perdiendo la vida al instante. Un grito desesperado se escucho de mi parte y corri a verla de inmediato, la tome en mis brazos y senti aquella humedad en su cabello por la sangre que salia incontrolabe por el golpe. Mire hacia la sala con rabia pero ella ya no estaba. Sin saber que mas hacer tome a Marla entre mis brazos para llevarla a un hospital con la esperanza de ayudarla. Pero fue demasiado tarde, habia muerto desde el instante que su cabeza golpeo con aquel filo. Me sentia debastado, me sentia un desgraciado y no sabia que mas hacer con mi vida.

Perdi mi empleo a causa de la depresion, me acostaba con cualquier mujer que se me pusiera en frente o que pudiera pagar para estar con ella en la noche. Desde aquel instante tan extranio no pude parar de sentir aquellos instintos tan bajos y animales tan alimentados. Cai en el vicio de la bebida y despues no tenia ninguna razon para seguir con mi vida.
Una maniana solamente me desperte, tome uno de los cuchillos de la cocina y me mire fijamente en un gran espejo que tenia en la sala. Me mantuve en silencio por mas de 3 horas solo mirandome totalmente destruido, recordando que habia perdido a la mujer perfecta por un maldito recuerdo que me habia enajenado de placer. Me mire bien y sin mas comenze a cortar mis brazos de una manera profunda haciendo que la sangre corriera de inmediato. Al poco tiempo cai debilitado en el charco de mi sangre y mire al techo blanco de la casa, sintiendo aquella agonia de que iba a morir, pues nadie iria a visitarme, mis amigos me habian dejado al momento de que decidi dejarme caer en aquel torbellino, mi madre solo iba los fines de semana por las tardes y a nadie mas le interesaba. Sentia que se me escapaba la vida y me sentia reconfortado. La mirada comenzo a nublarse y sonrei esperando a mi ultimo aliento, esperando así poder descanzar y olvidar todo lo que me habia sucedido en tan poco tiempo. Era casi el momento cuando vi de nuevo aquella silueta acercandose hacia mi, su mirada vacia y oscura y su sonrisa sarcastica y horrible estaban justo frente a mi rostro. No tenia fuerza de decir nada, pero senti aquel coraje por todo lo que me habia hecho recorrerme una vez mas, mas no podia hacer nada, solo mirarla fijamente y escucharla decir por ultimo…

-Es la lujuria… la que te tienta, te atormenta, te deshidrata… no todas las historias son de amor, no por ver a una linda chica te enamoraras de ella… - por ultimo escuche y cerre mis ojos perdiendome en la oscuridad, esperando estar muerto y alejarme de aquel sentimiento para siempre.

-La lujuria… es algo que debes aprender a encadenar…-

Abri mis ojos y la vi… de nuevo, teniendome de rodillas, con una expresion desesperada, ansiosa… mas no de furia sino de querer tomarla, olvidandome de todo solo queria volver a desencadenarla.

martes, 15 de septiembre de 2009

.Sin nombre.

Las horas habian pasado sin poder detenerse y la noche cubria la ciudad. Eran las 8:23 pm de un viernes, aquel viernes donde los caminos de dos viejos amantes se habian encontrado y que entre miradas y palabras parecia que todo volvia a tomar aquel camino donde el ir tomados de las manos significaba que de nueva cuenta los sentimientos afloraban. Pero en la cabeza de la joven se encontraba mas distraido a pesar de sentirse comoda en aquella situacion… ¿Cómo ocurrio de pronto?... pensaba mientras su andar era casi automatico teniendo de fondo musical aquel barullo de la ciudad…

-¿Kira?- preguntaba con la intencion de llamar su atencion al detenerse de pronto al pie de las escaleras del metro mirandola fijamente mientras que se detenia sin soltarle de la mano, mirandola a los ojos observando aquella reaccion que traia de regreso la conciencia de la chica que sonreia apenada…

-¿Si?... ¿Qué decias?- preguntaba un poco desubicada mientras que el solo sonreia ligeramente bajando su cabeza un poco respirando profundamente mientras guarda el silencio entre los dos por un momento, pensando en que palabras usar, mientras las personas pasaban alrededor de ellos…

-¿En que piensas?... Has estado distraida desde que te encontre en los jardines de la universidad… ¿Paso algo?- preguntaba de cierta manera preocupado, levantando levemente su mirada a los ojos de la chica que sonreia con aquel tinte nervioso que le era tan familiar a el que volvia a bajar la cabeza tomandole de las manos…

-No, no ha ocurrido mas que me moleste un poco por que llegaste tarde, pero de ahí a mas…-

-No mientas… te conosco muy bien…- le interrumpia abruptamente al dejar escapar un pesado suspirar a la par que levantaba su frente mirandola fijamente, llamando la atención de la joven que le miraba con atencion a cada movmiento que el realizaba, percatandose de cómo lentamente se acercaba a ella y tomando su cuello delicadamente juntaba su frente con la de ella sin perder de vista sus ojos…

-Ha pasado algo… yo lo se- decia en un susurro mientras la joven escritora solo quedaba en silencio respirando suavemente mientras un ligero sonrojo aparecia en sus mejillas, haciendo sonreir a aquel que le miraba tan fijamente mientras que sin mas, sin palabras o algun otro gesto besaba sus labios sutilmente, sorpreniendo a la joven que cerrando sus ojos y sintiendo aquel nerviosismo como el que sintiera la primera vez, mientras suavemente correspondia, llevando sus manos a la base de su cuello mientras el le tomaba de la cintura, quedando así por unos cuantos segundos, ignorando de pronto todo a su alrededor… En aquel instante todo se borro de mi mente y no pense en mas… sujete sus manos y…

Capitulo 7

“Han pasado mas de dos meses desde que la vi perdierndose en el pavimento, no tenia mucho mas que decirle a ella o a alguien mas, solo decidi que era hora de seguir con mi vida… pero de pronto a cualquiera que mirara y a la cual deseaba solo la veia a ella reflejada. Era ilogico lo sabia muy bien pues antes de que algo como eso pasara yo la habia dejado a su suerte, la habia dejado sola y yo habia seguido con lo mio y me habia ido muy bien y ahora que con este maldito accidente se habia alejado y por el cual mas debia de seguir adelante no podia hacerlo. Intentaba lo que estuviera en mis manos, debia dejarla pasar pero no podia y aquello lentamente comenzaba a matarme, a desesperarme…

-Juan ¿Te encuentras bien?- le preguntaba de pronto uno de sus companieros de trabajo mientras que este solo reaccionaba un tanto exaltado mirandolo de reojo como si desperatara de un profundo suenio…

-¿Eh? Disculpa… no te he escuche- decia mientras se reicorporaba a la rutina tomando los papeles de el escritorio poniendose de pie mientras que su companiero solo negaba con la cabeza tomandolo de los hombros los sacudia un poco…

-¿Sigues pensando en lo que ocurrio?... Por que si es así, dejame decirte que ya ha pasado tiempo como para que sigas enfrascado en ello- decia mientras que aquel solo negaba con la cabeza mientras que resporaba profundamente haciendo una ligera mueca…

-No es eso… es solo que…- volviendose a sentar en la silla cerraba sus ojos con un tinte desesperado…

-Es eso… aceptalo…- se sentaba frente a el mirandolo con comprension mientras que este solo mantenia sus ojos cerrados, cerrando los punios sobre sus piernas…

-Si no hubiese sido por mi… ahora ella seguiria aquí, con nosotros- con aquel tono de furia y culpa se ponia de pie de nueva cuenta dejando caer los papeles por toda la habitacion mientras que salia de la oficina dejando a aquel con un aire de preocupacion obvia, mientras que Juan Carlos, solo tomaba su saco del perchero de la salida de aquella pequenia oficina y salia con rapidez…

-¡Maldita sea!- exclamaba con fuerza mientras que sentia la lluvia caer sobre su cuerpo en el trayecto hasta llegar frente a su auto, donde se detenia completamente, dejando caer sus punios con furisa en el cofre del automovil mientras que las lagrimas escapaban de sus ojos lentamente, mezclandose con la lluvia.”

.Sin nombre.

La una de la tarde con quince minutos y treinta y dos segundos, ni más ni menos era la hora exacta que impacientaba a la joven escritora que frente a su facultad esperaba ansiosa. La una de la tarde había sido la hora marcada por Lucas, a quien esperaba aquella tarde, mas no había noticias de él, no se veía llegar y el tiempo seguía corriendo. A cada minuto la desilusión dentro de ella iba creciendo y la esperanza de verlo se esfumaba trayéndole los recuerdos que la habían alejado de él en primera instancia…

-Que tonta…- decía al dejar escapar un suspirar pesado entre aquella sonrisa triste que de pronto se le dibujaba en el rostro. Sus ojos desesperanzados miraban a los alrededores de la facultad y observaba pasar a las personas a su lado, lo que hacía carburar a su imaginación que de pronto le hacía pensar que quedaba como una tonta al encontrarse ahí de pie frente a uno de los pilares de la entrada al edificio principal. Mas el tiempo seguiría pasando y llegarían a ser treinta minutos después de lo acordado el tiempo límite que ella se había fijado… Ni una llamada, ninguna señal, fue tonto pensar que el llegaría… pensaba al decidirse por fin reanudar camino y regresar a casa para despejar la mente de aquella frustrante situación. Con la mirada baja y un lento y pesado caminar pasaba todo el campus de la universidad, atravesando como todos los días los edificios de las facultades de bellas artes para lograr llegar hasta la estación de metro que le llevaría a casa. No importaba quien le mirara, que se decía de ella o si siquiera era detectada, lo único que le importaba era desaparecer de aquel escenario para así poder desahogar su desilusión a solas. Esperaba hacerlo sin pasar alguna vergüenza, sin ser detectada mas al estar distraída en sus pensamientos, reprochándose así misma y a la vez maldiciendo a aquel que le había plantado, no podía evitar aquella caída por tropezarse con una piedra, la manera más torpe y vergonzosa de caer y que llamaba la atención de todo aquel que iba pasando o que se encontraba cerca de la escena… Y las risas no se hicieron esperar… pensaba al ponerse de rodillas al suelo, plantando una sonrisa forzada en su rostro al mirar a todos lados y a la vez no mirar a ningún lugar…

-¿Te encuentras bien?- se escuchaba de pronto una voz a lo cerca de ella, que le creaba un sinfín de nauseas por pasar aquella pena que le impedía de momento elevar su mirada para ser cortes con quien le hablaba…

-Si… si no ha sido nada más que una simple caída… estoy excelente- decía con un tono sarcástico a la vez cubierto con algo de amabilidad para no sonar grosera. Respirando profundamente se daba cuenta de una mano tendida hacia ella y la cual tomaba sutilmente para ponerse de pie…

-Gracias… es bueno toparse con alguien amable de vez en cuando- soltando un suspiro parpadeaba un par de veces antes de levantar su mirada y encontrarse con la de aquel que le había ayudado. En aquel momento el silencio de ambas partes se dio y solo mirándose uno al otro hicieron que unos cuantos segundos pasaran, sintiendo como sus corazones se aceleraban de pronto, como su sistema nervioso se ponía a funcionar a mil por hora y como sus miradas no podían apartarse una de la otra…

-¿Co…Colette?- decía el joven que de apariencia un tanto descuidada y a lo bohemio la miraba con sorpresa, a aquella joven escritora que evitando sentir que los nervios le hicieran temblar, le miraba con una sonrisa sincera…

-Hace años que nadie me llama por ese nombre…- dejaba escapar una ligera risa nerviosa al mirarlo de una buena vez con una sensación extraña en su pecho…

-Te conozco… pero no te recuerdo…- decía ella con algo de pena pero mirándolo con una sonrisa que no podía ser borrada de su rostro. El solo le escuchaba y después de hace mucho una sonrisa sincera y llena de sentimientos se forjo en sus labios mientras que sus ojos no la perdían de vista, sabia por dentro que había encontrado aquella pieza que por años había estado buscando…

-Ni yo puedo recordarte completamente… pero ese nombre y tu rostro me son tan familiares- incrédulo no podía dejar de sonreír y nervioso tomaba metía sus manos dentro de los bolsillos de su chaqueta al despegar su mirada de ella por unos instantes…

-Desde el accidente pude recordar casi todo… pero no podía recordar quien eras ni por qué ese nombre resonaba en mi cabeza todos los días…- trataba de explicarse al sacar una fotografía pequeña de los bolsillos la cual entregaba la joven escritora que al verla sentía sentimientos acumularse en su pecho y que estaban a punto de escapar por sus ojos por medio de cristalinas lagrimas…

“¡Hey you partner!,

¿Puedes creer que me voy de aquí para siempre? Lo sé todo un lio, pero vamos a seguir en contacto ¿verdad? Por que recuerda todos los planes que tenemos… tú y yo hasta Paris.

Recuerda que siempre voy a preocuparme por ti y que siempre voy a quererte.

Nunca me olvides Alex”

Aquellas palabras escritas al reverso de la fotografía de la escritora donde se mostraba el cómo era años atrás, la dejaba muda por unos instantes al no hacer más que contemplar aquella fotografía…

-Alex… eres Alex… no, no puede ser- decía ella al entregarle la fotografía mirándolo a los ojos fijamente, mostrándose en aquel momento vulnerable al mostrar las lagrimas que recorrían sus mejillas lentamente, no por tristeza si no por una felicidad inexplicable.

Habían pasado 6 años desde la última vez que se habían visto, que habían sabido uno del otro. En aquel tiempo el recuerdo del otro se borro de su memoria temporalmente. En el por un cruel accidente automovilístico sufrido a los veinte años de su vida y en ella por el sentimiento de olvido que resintió al no saber más de él. En ambos fue el tiempo el que se encargo de mantenerlos distantes, pero a la vez tan cerca aunque ninguno lo supiera directamente…

…Estuve buscándola a ella…

…Estuve esperándolo a él…

El silencio los volvió a invadir de pronto, y los llevo a sonreírse uno al otro sin saber que mas decir se sentían tranquilos.

“-¡Jimena abre la puerta!- gritaba con desesperación la hermana mayor de la chica que se encontraba dentro de su habitación, los ojos rojos e hinchados por tanto llorar y en su mano un par de navajas afiladas. En aquel instante su vida no tenía ningún sentido…

-¿Cuál es el caso?- decía al mirar al suelo y escuchar los gritos de su Margaret que hacia lo posible por entrar. Más parecía ser que no llegaría a tiempo, que nadie llegaría a tiempo y que ese sería el final silencioso a aquel dolor que le quemaba por dentro a Jimena…

-Jime por favor no hagas estupideces… yo estoy aquí para ti, mama y papa y están aquí para ti, ¡Jimena!- las lagrimas incontrolablemente comenzaron a salir de sus ojos y su desesperación aumentaba, lo que le hacía no hacer más que tomar la perilla y tratar de girarla, tocar la puerta, golpear la puerta para entrar. Mas en vano era todo, lentamente y como si no estuviese consiente en aquel momento la navaja de su mano se perfilaba a su cuello. Era el punto clave el que terminaría con su dolor lo más rápido posible…

-¡Jimena!- y tras aquel grito un fuerte ruido detuvo con un susto el eminente suicidio de la joven que miraba solamente como su puerta era destruida, y tras de aquella acción…

-Juan Carlos…- decía con un nudo en la garganta que le hacía reaccionar, mirando con terror aquella navaja en su mano y haciendo que sus ojos volviesen a dejar escapar su llanto, esta vez lleno de miedo por darse cuenta de lo que estaba a punto de hacer…

-¿Acaso estas tonta? No vuelvas a intentar esto en tu vida Jimena…- molesto y a la vez lleno de preocupación aquel se acercaba hasta donde la chica envuelta en llanto se ocultaba, ignorando su dolor la tomaba en sus brazos y la abrazaba fuertemente con cariño…

-Tú no estabas aquí… ya no estabas aquí…- decía entre lagrimas, cerrando sus ojos y abrazando con fuerza a quien le pertenecía su corazón, sintiendo que se le escaparía de pronto de nueva cuenta, dejándola en aquella oscuridad donde se había metido desde el primer adiós que él le había dicho…

-Pero ya estoy aquí Jimena…- con un tinte serio y preocupado solo miraba por la ventaba y pasaba una de sus manos por los largos cabellos de la joven que solo lloraba, sin saber que sentir en aquellos momentos.”

Capitulo 6

-Alex despierta- se escuchaba una voz dentro de la cabeza del músico que de pronto poco a poco abría los ojos, sintiendo aquella molesta luz entrar a sus ojos, haciéndolo molestar un poco al reincorporarse de nueva cuenta a la realidad…

-¿Leon?...- decía al tallar sus ojos un poco y dejar escapar un bostezo que le hacían despertar de pronto captando la imagen de su mejor amigo y de aquel amor perdido frente a él. El silencio se apodero abruptamente sin hacer más que ponerse de pie sacudiendo sus ropas y tomando sus cosas de momento…

-Te volviste a quedar dormido en plenas horas de clase… ya son las tres menso- le decía al darle un par de golpes en los hombros haciéndolo reaccionar de pronto y mirarlo fijamente con sorpresa…

-Pero… ¿Y Colette?- preguntaba mirando hacia todas partes, buscando aquella figura que tenia de pronto tan presente, mientras que su amigo solo lo miraba con una ceja levantada y curiosa, y Ofelia solo miraba hacia otro lado tratando de ignorar el hecho de lo familiar que le resultaba aquel nombre…

-Otra vez andas soñando despierto o algo por el estilo hermano, porque no vi a nadie cerca de ti desde que salimos del edificio…- con seguridad le decía al cruzarse de brazos y observar la reacción de desilusión que se forjaba en el rostro de su amigo que solo respiraba profundamente y cerraba los ojos con aquel aire desilusionado por la situación…

-Vale puede ser… sabes que después del accidente tiendo a inventar cosas muy bizarras- decía al reír ligeramente y volver su mirada a aquellos dos que impaciente le habían estado esperando…

-Pues vámonos entonces… dijimos que llegaríamos a las 4 a más tardar-

-Así se habla hermano… vamos ya- sonriente como siempre tomaba de la mano a la chica de cabello hasta los hombros que miraba de reojo al joven músico que le ignoraba por completo al comenzar a moverse lejos de la facultad.

No muy lejos de ahí se veía caminar tomados de la mano a una joven pareja, que como si nada reian, charlaban y se miraban a los ojos con aquel destello que habia desaparecido por mal entendidos al paso de los anios…

-Que raro…- decia entre un suspiro la chica que miraba a sus alrededores al ir caminando mientras que el que le tomaba de la mano le miraba de reojo con una sonrisa…

-Si bueno… es que hace mucho que no andabas por las calles encerrada en tu casa nunca vas a saber que es normal y que es raro…- con un tono entre broma y sarcasmo sonreía mientras que ella solo negaba con la cabeza al mirarlo y levantar las manos de ambos que iban estrechadas…

-No me refiero a eso, si no a esto… ¿No te parece muy raro después de lo que paso?- le preguntaba sin detener su camino entre toda la gente que invadía las calles, moviéndose de un lado a otro como la forma mas viable de movilizarse en aquella gran ciudad…

-Bueno… si, pero nosotros siempre fuimos muy raros, ¿Qué no?-

-Cierto- cerrando sus ojos por un momento sonreía ligeramente sin poder evitarlo, solo siendo observada por su consorte que sonreía igual al tenerla de nuevo a su lado.

lunes, 14 de septiembre de 2009

.Sin nombre.

“Pasaron los años y Jimena no sabía mas de Juan Carlos; parecía como si de la nada había desparecido. Así que lentamente trataba de reincorporarse y seguir adelante con su vida. Tenía 18 años recién cumplidos y el amor no había tocado a su puerta de nuevo. Aquello en si no le afectaba en ese momento, su mentalidad era más abierta y el hecho de encontrarse sola, según ella, la hacía ser más fuerte. Pero en realidad la hacía cometer los errores más grandes de su vida.

De pronto y con aquella actitud sin sentimentalismos, hombre tras hombre comenzaron a dejar una huella en su vida, vacios y vánales ahora eran sus besos y su corazón perdía aquella ilusión y creencia en la magia…

-Jimena… ¿Estas bien?- preguntaba su hermana mayor, Margaret que era como su mejor amiga. Desde pequeñas un lazo especial se había creado entre ellas a pesar de llevarse 6 años de diferencia. Margaret siempre se encargo de estar con su hermana en los momentos que le necesitara, así como Jimena lo hacía cuando ella la necesitaba. Eran las mejores amigas de toda la vida y por ello, en aquel momento sin siquiera saber lo que estaba ocurriendo, Margaret sabia que algo sucedía en el mundo de su hermana menor, pues le notaba con una expresión mas fría y una alegría fingida, algo que había apagado la luz de Jimena inquietaba a Margaret…

-Si, estoy bien Maggie, es solo que esto algo cansada por la escuela, no creí que la universidad fuera así de pesada- decía dejando escapar una desabrida risa que solo reafirmaba la preocupación de su hermana mayor…

-Jim… ¿Es por lo que sucedido con…?-

-No… no es por eso y no es necesario que lo menciones a él…- estoy bien- interrumpía de repente al ponerse de pie, dejando ver en su expresión aquel aire melancólico y lleno de tristeza que le traía el remover de aquella marca de su pasado…

-Jimena…- le llamaba de una manera inutil al verla alejarse de pronto. Sin haber recibido respuesta y solo ver alejarse a su hermana menor, aquel silencio, solo la dejaba con más preocupada de lo que ya estaba.”

La noche pasaba lenta y de nuevo el insomnio había atacado a la joven escritora que frente al computador solo respiraba profundamente. Nada nuevo salía de su imaginación, la última página que había escrito había sido hacia ya más de 3 días, desde que aquel reencuentro con su pasado se había presentado. Desde aquel entonces Lucas no la había dejado en paz. Encuentros “casuales”, llamadas telefónicas, correos electrónicos eran los medios a los que el recurría para llegar a ella. Mas la estudiante de literatura no deseaba saber más de él… El pasado, es el pasado… y atrás es donde debe quedar… pensaba ella a cada momento que aquella situación se le venía a la mente. Aquella situación se volvía frustrante y solo interrumpía el proceso creativo y en consecuencia detenía la continuación de su novela…

-¡Carajo!- gritaba con fuerza al sujetarse de la cabeza con desesperación al ponerse de pie y comenzar a caminar de un lado a otro de la habitación. No había a donde correr, la lluvia de pronto le impedía salir, la cama no era opción por su insomnio y el seguir dando vueltas en la habitación o en toda la casa no era una buena idea por el ruido que podía molestar a su compañera de departamento…

-¿Qué hacer?- se preguntaba al mirar de un lado a otro, cuando de pronto su teléfono móvil comenzaba a timbrar. De inmediato lo tomaba entre sus manos y al mirar el número indicado, una sonrisa sarcástica se formulaba en sus labios. Aquel le pertenecía al mismo que por 3 días había estado tratando de comunicarse con ella. Pensativa solo unos segundos decidió acceder a responder a la llamada…

-¿Bueno?... ¿Acaso te gusta despertar a la gente a las casi 5 de la madrugada?- decía al apenas responder el llamado, recibiendo como respuesta una sonrisa que le era del todo familiar y que de pronto le hacían sonreír…

-No me digas que estabas dormida… por qué no te lo voy a creer-

-Me conoces mejor de lo que recordaba… ¿Qué quieres Lucas?-

-Hablar contigo… verte…- con una voz suave aquellas palabras retumbaban en la cabeza de la joven escritora que tomaba asiento al filo de la cama, sintiendo aquellos nervios que solía sentir cuando escuchaba aquella voz, en los buenos tiempos, en los tiempos en que ambos llegaron a estar juntos…

-Lucas… por favor no sigas con eso…-

-Es que no puedo evitarlo Kira… por favor, déjame verte, vayamos a algún lado- le decía con aquella voz alegre que le caracterizaba y que sin poder evitarlo la hacia sonreír, relajarse de pronto hasta el punto de hacerla recostarse en la cama, tranquila como pocas noches había conseguido…

-Una sola vez y date por complacido…-

-¿Por qué no me dejas intentarlo de nuevo Kira?-

-Por que…- cerrando sus ojos dejaba escapar un suspiro cargado de los sentimientos encontrados que él le hacía sentir…

-Conocí a alguien más Lucas…- le respondía de la nada, mordiendo su labio inferior y manteniendo sus ojos cerrados como con temor, solo guardando silencio esperando escuchar la respuesta del otro lado de la bocina. Mas unos cuantos segundos le hacían sentir que había cometido el mayor error de su vida…

-¿Nos vemos mañana?- abruptamente le respondía, sorprendiéndola un tanto y haciéndola sentir de nuevo nerviosa…

-Te buscare en la entrada de la facultad la una de la tarde… ¿Está bien?-

-Si… está bien-

-Nos vemos mañana- y sin darle tiempo de responder a ella, colgaba. En aquel momento la escritora quedaba en el silencio de la noche, escuchando solamente la lluvia caer fuera de su ventana, sintiendo las emociones mezclarse en ella… No fue del todo una mentira… y aun así… pensaba al mantener sus ojos abiertos fijos al techo alto de su habitación, tratando de recordar porque de pronto se encontraba mas confundida.

Desde cada uno de los salones de la facultad de música se escuchaban maravillosas tonadas de los estudiantes que poco a poco progresaban con el instrumento que deseaban especializarse. Todos con pasión a cada hora, en cada clase ponían todo su empeño para ser mejores. Mas esto se veía mejor reflejado solo en las clases donde la teoría nada tenía que ver, nada de historia o literatura que servía como enriquecimiento general. Cuando se trataban de estos cursos la mayoría prefería saltearse las clases y salir a los jardines para seguir practicando con su instrumento como fuera posible para así pasar el tiempo. Entre este grupo se encontraba el joven músico a solas, pues que su mejor amigo se encontraba encerrado en alguno de los salones vacios, con Ofelia. En el pasado del joven de cabello largo y apariencia descuidada se encontraba ese nombre muy bien grabado, más que nada en su corazón. Durante sus años en la preparatoria Ofelia y él se habían convertido en la pareja perfecta, se conocían desde años y eran los mejores amigos, lo que les hacia tener una lazo único, fuerte que los hacía ser aquella pareja especial que muchos envidiaban. En aquel tiempo el camino hacia la música se veía distante en el camino de él, en aquel tiempo deseaba ser médico. Pero el giro drástico que sufriría en el último semestre de preparatoria lo cambiaria todo. Su padre dejo su hogar abruptamente, dejando solo como legado una vieja guitarra eléctrica y otra acústica, en aquel momento teniéndolas en sus manos con coraje, aquel instrumento se volvería su vida y su vida entraría en un torbellino que le haría cambiar su actitud hacia todos, hasta hacia su querida Ofelia. Comenzaba con desplantes de frialdad hacia ella y luego lentamente comenzaba a alejarse de ella, encerrándose en aquel mundo donde sus problemas eran grandes y su única menta en la vida era ser mejor que lo que era su padre. Aquello solo afecto terrible su relación sin siquiera el darse cuenta y solo recibió como pago la traición de ella…

-¿Por qué hiciste esto?- preguntaba el lleno de ira al encontrarse fuera de la escuela, a solas en uno de los callejones de los alrededores...

-Por que tu ya no estabas ahí…- decía con un tono algo molesto y a la vez lleno de sentimientos que no le permitían siquiera mirar a los ojos a su novio que molesto y frustrado se daba la vuelta quedando en silencio por un largo tiempo…

-Y tu no me buscaste… solo me dejaste ir…- como un reclamo decía el al momento de soltar un puñetazo hacia la pared más cercana, sintiendo un dolor inmenso recorrer su cuerpo y la humedad que le provocaba la sangra que comenzaba a fluir de sus nudillos, logrando llamar la atención de la joven Ofelia que le miraba con temor de pronto, provocándole acercarse a él…

-Discúlpame pero yo…-

-No tienes nada que decir… debí de suponerlo… mejor vete con Joshua, el siempre va a estar ahí para ti, no como yo- con sarcasmo decía y con pesadez comenzaba a caminar alejándose de aquella escena donde solo quedaba Ofelia con aquel aire de culpabilidad, con aquellos sentimientos cargados que le hacían darse cuenta del error grande que había cometido y que ahora no podía dar vuelta atrás. Mientras que el joven músico, solo tenía en mente la idea de querer desaparecer de pronto del mundo y poder concentrarse en lo que le interesaba en aquellos momentos, no mas amor, no más preocupación por alguien más… Solo seria yo y el mundo… pensaba al caer de pronto en que el tiempo había pasado y que ya no valía la pena pensar en aquel amor y tiempo perdido por aquel momento que cambio su vida.

“Era una tarde cualquiera y la hora de salida para los chicos de la preparatoria se anunciaba con el estruendoso timbre, que anunciaba igual la llegada del fin de semana. Todos ansiosos y apurados tomaban sus cosas y corrían fuera de los salones empujándose unos a otros, el momento de ser libres de aquel horrible uniforme y de las tareas había llegado. El fin de semana era descanso para muchos, pero para algunos otros significaba poner a trabajar la creatividad. Ese era el caso de una joven de cabello corto con gafas de marco oscuro, que entre sus brazos llevaba unos cuantos libros y una libreta donde iba escribiendo al ir caminando de la manera más precavida de las multitudes que la pasaban de largo una y otra vez. Su nombre era Colette, una alumna ejemplar, algo callada pero aun así muy bien conocida por sus premios ganados en los concursos internos de literatura del colegio. Colette era de aquellas chicas que no se pasaba horas preocupándose mucho por su aspecto, era una chica linda por naturaleza y la inocencia de su aspecto la hacía ser interesante para varios de sus compañeros, mas para ella no era interesante rodearse de aquellos y dejar de lado sus estudios. Se encontraba en el último semestre de preparatoria y su mentalidad estaba fijada en el próximo examen de admisión que se acercaba cada vez más.

Así que el hecho de ser fin de semana no le llamaba mucho su atención y lo único que deseaba era salir del colegio y esperar a que llegaran por ella, esperando hacerlo sin sufrir ningún accidente. Pero su suerte, no era del todo buena siempre y en aquel momento justo antes de pasar el portal principal del colegio su cuerpo chocaba con otro. Los libros de sus brazos caían al suelo y su expresión de inmediato mostraba vergüenza y de rápidamente agachándose comenzaba a recoger los libros…

-Discúlpame… es que no iba por donde iba- decía ella sin siquiera mirar con quien había sido el impacto, importándole solamente salir de aquella situación o más rápido posible…

-No te preocupes… también ha sido mi culpa- se escuchaba en respuesta una voz que le era desconocida por completo y le hacía levantar la mirada de inmediato, encontrándose de frente a un chico de estatura mayor a la promedio, que tras sus gafas ocultaba una mirada melancólica. El silencio se forjo de parte de Colette que se quedaba mirándolo por un momento, solo observando con sorpresa como aquel se agachaba junto a ella y le ayudaba a levantar sus cosas del suelo, para luego ayudarla a ella a ponerse de pie…

-¿Te encuentras… bien?- preguntaba si apenas momentos antes de quedar sin aliento al mirar fijamente a los ojos a la chica que inconscientemente sujetaba de la mano. Aquella primera vista, los hizo permanecer por un momento en silencio solo mirándose uno al otro como si se reconocieran de algún lugar…

-Soy Colette…-

-Yo… soy Alex- quejándose de pronto se tomaba de las manos y miraba las manos de la chica de cortos cabellos que observaba con sorpresa el rastro rojo y húmedo que había quedado en estas…

-Es…estas sangrando- decía Colette al tomarle del brazo para así llevarlo con rapidez a la enfermería del colegio, dejando atónito al joven músico que solo se dejaba llevar por ella, sintiendo algo en su pecho que le hacía sentir calidez, una calidez que en aquel momento le hacía olvidar por unos instantes aquel mal sabor de boca que le había dejado, el dejar a su primer amor atrás.

Desde ese momento preciso, aquellos dos no volverían a estar lejos uno del otro por un par de años, antes de que el destino les separara abruptamente y no les dejara volver a saber uno del otro, por un largo tiempo.”

Capitulo 5