martes, 15 de septiembre de 2009

.Sin nombre.

La una de la tarde con quince minutos y treinta y dos segundos, ni más ni menos era la hora exacta que impacientaba a la joven escritora que frente a su facultad esperaba ansiosa. La una de la tarde había sido la hora marcada por Lucas, a quien esperaba aquella tarde, mas no había noticias de él, no se veía llegar y el tiempo seguía corriendo. A cada minuto la desilusión dentro de ella iba creciendo y la esperanza de verlo se esfumaba trayéndole los recuerdos que la habían alejado de él en primera instancia…

-Que tonta…- decía al dejar escapar un suspirar pesado entre aquella sonrisa triste que de pronto se le dibujaba en el rostro. Sus ojos desesperanzados miraban a los alrededores de la facultad y observaba pasar a las personas a su lado, lo que hacía carburar a su imaginación que de pronto le hacía pensar que quedaba como una tonta al encontrarse ahí de pie frente a uno de los pilares de la entrada al edificio principal. Mas el tiempo seguiría pasando y llegarían a ser treinta minutos después de lo acordado el tiempo límite que ella se había fijado… Ni una llamada, ninguna señal, fue tonto pensar que el llegaría… pensaba al decidirse por fin reanudar camino y regresar a casa para despejar la mente de aquella frustrante situación. Con la mirada baja y un lento y pesado caminar pasaba todo el campus de la universidad, atravesando como todos los días los edificios de las facultades de bellas artes para lograr llegar hasta la estación de metro que le llevaría a casa. No importaba quien le mirara, que se decía de ella o si siquiera era detectada, lo único que le importaba era desaparecer de aquel escenario para así poder desahogar su desilusión a solas. Esperaba hacerlo sin pasar alguna vergüenza, sin ser detectada mas al estar distraída en sus pensamientos, reprochándose así misma y a la vez maldiciendo a aquel que le había plantado, no podía evitar aquella caída por tropezarse con una piedra, la manera más torpe y vergonzosa de caer y que llamaba la atención de todo aquel que iba pasando o que se encontraba cerca de la escena… Y las risas no se hicieron esperar… pensaba al ponerse de rodillas al suelo, plantando una sonrisa forzada en su rostro al mirar a todos lados y a la vez no mirar a ningún lugar…

-¿Te encuentras bien?- se escuchaba de pronto una voz a lo cerca de ella, que le creaba un sinfín de nauseas por pasar aquella pena que le impedía de momento elevar su mirada para ser cortes con quien le hablaba…

-Si… si no ha sido nada más que una simple caída… estoy excelente- decía con un tono sarcástico a la vez cubierto con algo de amabilidad para no sonar grosera. Respirando profundamente se daba cuenta de una mano tendida hacia ella y la cual tomaba sutilmente para ponerse de pie…

-Gracias… es bueno toparse con alguien amable de vez en cuando- soltando un suspiro parpadeaba un par de veces antes de levantar su mirada y encontrarse con la de aquel que le había ayudado. En aquel momento el silencio de ambas partes se dio y solo mirándose uno al otro hicieron que unos cuantos segundos pasaran, sintiendo como sus corazones se aceleraban de pronto, como su sistema nervioso se ponía a funcionar a mil por hora y como sus miradas no podían apartarse una de la otra…

-¿Co…Colette?- decía el joven que de apariencia un tanto descuidada y a lo bohemio la miraba con sorpresa, a aquella joven escritora que evitando sentir que los nervios le hicieran temblar, le miraba con una sonrisa sincera…

-Hace años que nadie me llama por ese nombre…- dejaba escapar una ligera risa nerviosa al mirarlo de una buena vez con una sensación extraña en su pecho…

-Te conozco… pero no te recuerdo…- decía ella con algo de pena pero mirándolo con una sonrisa que no podía ser borrada de su rostro. El solo le escuchaba y después de hace mucho una sonrisa sincera y llena de sentimientos se forjo en sus labios mientras que sus ojos no la perdían de vista, sabia por dentro que había encontrado aquella pieza que por años había estado buscando…

-Ni yo puedo recordarte completamente… pero ese nombre y tu rostro me son tan familiares- incrédulo no podía dejar de sonreír y nervioso tomaba metía sus manos dentro de los bolsillos de su chaqueta al despegar su mirada de ella por unos instantes…

-Desde el accidente pude recordar casi todo… pero no podía recordar quien eras ni por qué ese nombre resonaba en mi cabeza todos los días…- trataba de explicarse al sacar una fotografía pequeña de los bolsillos la cual entregaba la joven escritora que al verla sentía sentimientos acumularse en su pecho y que estaban a punto de escapar por sus ojos por medio de cristalinas lagrimas…

“¡Hey you partner!,

¿Puedes creer que me voy de aquí para siempre? Lo sé todo un lio, pero vamos a seguir en contacto ¿verdad? Por que recuerda todos los planes que tenemos… tú y yo hasta Paris.

Recuerda que siempre voy a preocuparme por ti y que siempre voy a quererte.

Nunca me olvides Alex”

Aquellas palabras escritas al reverso de la fotografía de la escritora donde se mostraba el cómo era años atrás, la dejaba muda por unos instantes al no hacer más que contemplar aquella fotografía…

-Alex… eres Alex… no, no puede ser- decía ella al entregarle la fotografía mirándolo a los ojos fijamente, mostrándose en aquel momento vulnerable al mostrar las lagrimas que recorrían sus mejillas lentamente, no por tristeza si no por una felicidad inexplicable.

Habían pasado 6 años desde la última vez que se habían visto, que habían sabido uno del otro. En aquel tiempo el recuerdo del otro se borro de su memoria temporalmente. En el por un cruel accidente automovilístico sufrido a los veinte años de su vida y en ella por el sentimiento de olvido que resintió al no saber más de él. En ambos fue el tiempo el que se encargo de mantenerlos distantes, pero a la vez tan cerca aunque ninguno lo supiera directamente…

…Estuve buscándola a ella…

…Estuve esperándolo a él…

El silencio los volvió a invadir de pronto, y los llevo a sonreírse uno al otro sin saber que mas decir se sentían tranquilos.

“-¡Jimena abre la puerta!- gritaba con desesperación la hermana mayor de la chica que se encontraba dentro de su habitación, los ojos rojos e hinchados por tanto llorar y en su mano un par de navajas afiladas. En aquel instante su vida no tenía ningún sentido…

-¿Cuál es el caso?- decía al mirar al suelo y escuchar los gritos de su Margaret que hacia lo posible por entrar. Más parecía ser que no llegaría a tiempo, que nadie llegaría a tiempo y que ese sería el final silencioso a aquel dolor que le quemaba por dentro a Jimena…

-Jime por favor no hagas estupideces… yo estoy aquí para ti, mama y papa y están aquí para ti, ¡Jimena!- las lagrimas incontrolablemente comenzaron a salir de sus ojos y su desesperación aumentaba, lo que le hacía no hacer más que tomar la perilla y tratar de girarla, tocar la puerta, golpear la puerta para entrar. Mas en vano era todo, lentamente y como si no estuviese consiente en aquel momento la navaja de su mano se perfilaba a su cuello. Era el punto clave el que terminaría con su dolor lo más rápido posible…

-¡Jimena!- y tras aquel grito un fuerte ruido detuvo con un susto el eminente suicidio de la joven que miraba solamente como su puerta era destruida, y tras de aquella acción…

-Juan Carlos…- decía con un nudo en la garganta que le hacía reaccionar, mirando con terror aquella navaja en su mano y haciendo que sus ojos volviesen a dejar escapar su llanto, esta vez lleno de miedo por darse cuenta de lo que estaba a punto de hacer…

-¿Acaso estas tonta? No vuelvas a intentar esto en tu vida Jimena…- molesto y a la vez lleno de preocupación aquel se acercaba hasta donde la chica envuelta en llanto se ocultaba, ignorando su dolor la tomaba en sus brazos y la abrazaba fuertemente con cariño…

-Tú no estabas aquí… ya no estabas aquí…- decía entre lagrimas, cerrando sus ojos y abrazando con fuerza a quien le pertenecía su corazón, sintiendo que se le escaparía de pronto de nueva cuenta, dejándola en aquella oscuridad donde se había metido desde el primer adiós que él le había dicho…

-Pero ya estoy aquí Jimena…- con un tinte serio y preocupado solo miraba por la ventaba y pasaba una de sus manos por los largos cabellos de la joven que solo lloraba, sin saber que sentir en aquellos momentos.”

Capitulo 6

-Alex despierta- se escuchaba una voz dentro de la cabeza del músico que de pronto poco a poco abría los ojos, sintiendo aquella molesta luz entrar a sus ojos, haciéndolo molestar un poco al reincorporarse de nueva cuenta a la realidad…

-¿Leon?...- decía al tallar sus ojos un poco y dejar escapar un bostezo que le hacían despertar de pronto captando la imagen de su mejor amigo y de aquel amor perdido frente a él. El silencio se apodero abruptamente sin hacer más que ponerse de pie sacudiendo sus ropas y tomando sus cosas de momento…

-Te volviste a quedar dormido en plenas horas de clase… ya son las tres menso- le decía al darle un par de golpes en los hombros haciéndolo reaccionar de pronto y mirarlo fijamente con sorpresa…

-Pero… ¿Y Colette?- preguntaba mirando hacia todas partes, buscando aquella figura que tenia de pronto tan presente, mientras que su amigo solo lo miraba con una ceja levantada y curiosa, y Ofelia solo miraba hacia otro lado tratando de ignorar el hecho de lo familiar que le resultaba aquel nombre…

-Otra vez andas soñando despierto o algo por el estilo hermano, porque no vi a nadie cerca de ti desde que salimos del edificio…- con seguridad le decía al cruzarse de brazos y observar la reacción de desilusión que se forjaba en el rostro de su amigo que solo respiraba profundamente y cerraba los ojos con aquel aire desilusionado por la situación…

-Vale puede ser… sabes que después del accidente tiendo a inventar cosas muy bizarras- decía al reír ligeramente y volver su mirada a aquellos dos que impaciente le habían estado esperando…

-Pues vámonos entonces… dijimos que llegaríamos a las 4 a más tardar-

-Así se habla hermano… vamos ya- sonriente como siempre tomaba de la mano a la chica de cabello hasta los hombros que miraba de reojo al joven músico que le ignoraba por completo al comenzar a moverse lejos de la facultad.

No muy lejos de ahí se veía caminar tomados de la mano a una joven pareja, que como si nada reian, charlaban y se miraban a los ojos con aquel destello que habia desaparecido por mal entendidos al paso de los anios…

-Que raro…- decia entre un suspiro la chica que miraba a sus alrededores al ir caminando mientras que el que le tomaba de la mano le miraba de reojo con una sonrisa…

-Si bueno… es que hace mucho que no andabas por las calles encerrada en tu casa nunca vas a saber que es normal y que es raro…- con un tono entre broma y sarcasmo sonreía mientras que ella solo negaba con la cabeza al mirarlo y levantar las manos de ambos que iban estrechadas…

-No me refiero a eso, si no a esto… ¿No te parece muy raro después de lo que paso?- le preguntaba sin detener su camino entre toda la gente que invadía las calles, moviéndose de un lado a otro como la forma mas viable de movilizarse en aquella gran ciudad…

-Bueno… si, pero nosotros siempre fuimos muy raros, ¿Qué no?-

-Cierto- cerrando sus ojos por un momento sonreía ligeramente sin poder evitarlo, solo siendo observada por su consorte que sonreía igual al tenerla de nuevo a su lado.

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