“Pasaron los años y Jimena no sabía mas de Juan Carlos; parecía como si de la nada había desparecido. Así que lentamente trataba de reincorporarse y seguir adelante con su vida. Tenía 18 años recién cumplidos y el amor no había tocado a su puerta de nuevo. Aquello en si no le afectaba en ese momento, su mentalidad era más abierta y el hecho de encontrarse sola, según ella, la hacía ser más fuerte. Pero en realidad la hacía cometer los errores más grandes de su vida.
De pronto y con aquella actitud sin sentimentalismos, hombre tras hombre comenzaron a dejar una huella en su vida, vacios y vánales ahora eran sus besos y su corazón perdía aquella ilusión y creencia en la magia…
-Jimena… ¿Estas bien?- preguntaba su hermana mayor, Margaret que era como su mejor amiga. Desde pequeñas un lazo especial se había creado entre ellas a pesar de llevarse 6 años de diferencia. Margaret siempre se encargo de estar con su hermana en los momentos que le necesitara, así como Jimena lo hacía cuando ella la necesitaba. Eran las mejores amigas de toda la vida y por ello, en aquel momento sin siquiera saber lo que estaba ocurriendo, Margaret sabia que algo sucedía en el mundo de su hermana menor, pues le notaba con una expresión mas fría y una alegría fingida, algo que había apagado la luz de Jimena inquietaba a Margaret…
-Si, estoy bien Maggie, es solo que esto algo cansada por la escuela, no creí que la universidad fuera así de pesada- decía dejando escapar una desabrida risa que solo reafirmaba la preocupación de su hermana mayor…
-Jim… ¿Es por lo que sucedido con…?-
-No… no es por eso y no es necesario que lo menciones a él…- estoy bien- interrumpía de repente al ponerse de pie, dejando ver en su expresión aquel aire melancólico y lleno de tristeza que le traía el remover de aquella marca de su pasado…
-Jimena…- le llamaba de una manera inutil al verla alejarse de pronto. Sin haber recibido respuesta y solo ver alejarse a su hermana menor, aquel silencio, solo la dejaba con más preocupada de lo que ya estaba.”
La noche pasaba lenta y de nuevo el insomnio había atacado a la joven escritora que frente al computador solo respiraba profundamente. Nada nuevo salía de su imaginación, la última página que había escrito había sido hacia ya más de 3 días, desde que aquel reencuentro con su pasado se había presentado. Desde aquel entonces Lucas no la había dejado en paz. Encuentros “casuales”, llamadas telefónicas, correos electrónicos eran los medios a los que el recurría para llegar a ella. Mas la estudiante de literatura no deseaba saber más de él… El pasado, es el pasado… y atrás es donde debe quedar… pensaba ella a cada momento que aquella situación se le venía a la mente. Aquella situación se volvía frustrante y solo interrumpía el proceso creativo y en consecuencia detenía la continuación de su novela…
-¡Carajo!- gritaba con fuerza al sujetarse de la cabeza con desesperación al ponerse de pie y comenzar a caminar de un lado a otro de la habitación. No había a donde correr, la lluvia de pronto le impedía salir, la cama no era opción por su insomnio y el seguir dando vueltas en la habitación o en toda la casa no era una buena idea por el ruido que podía molestar a su compañera de departamento…
-¿Qué hacer?- se preguntaba al mirar de un lado a otro, cuando de pronto su teléfono móvil comenzaba a timbrar. De inmediato lo tomaba entre sus manos y al mirar el número indicado, una sonrisa sarcástica se formulaba en sus labios. Aquel le pertenecía al mismo que por 3 días había estado tratando de comunicarse con ella. Pensativa solo unos segundos decidió acceder a responder a la llamada…
-¿Bueno?... ¿Acaso te gusta despertar a la gente a las casi 5 de la madrugada?- decía al apenas responder el llamado, recibiendo como respuesta una sonrisa que le era del todo familiar y que de pronto le hacían sonreír…
-No me digas que estabas dormida… por qué no te lo voy a creer-
-Me conoces mejor de lo que recordaba… ¿Qué quieres Lucas?-
-Hablar contigo… verte…- con una voz suave aquellas palabras retumbaban en la cabeza de la joven escritora que tomaba asiento al filo de la cama, sintiendo aquellos nervios que solía sentir cuando escuchaba aquella voz, en los buenos tiempos, en los tiempos en que ambos llegaron a estar juntos…
-Lucas… por favor no sigas con eso…-
-Es que no puedo evitarlo Kira… por favor, déjame verte, vayamos a algún lado- le decía con aquella voz alegre que le caracterizaba y que sin poder evitarlo la hacia sonreír, relajarse de pronto hasta el punto de hacerla recostarse en la cama, tranquila como pocas noches había conseguido…
-Una sola vez y date por complacido…-
-¿Por qué no me dejas intentarlo de nuevo Kira?-
-Por que…- cerrando sus ojos dejaba escapar un suspiro cargado de los sentimientos encontrados que él le hacía sentir…
-Conocí a alguien más Lucas…- le respondía de la nada, mordiendo su labio inferior y manteniendo sus ojos cerrados como con temor, solo guardando silencio esperando escuchar la respuesta del otro lado de la bocina. Mas unos cuantos segundos le hacían sentir que había cometido el mayor error de su vida…
-¿Nos vemos mañana?- abruptamente le respondía, sorprendiéndola un tanto y haciéndola sentir de nuevo nerviosa…
-Te buscare en la entrada de la facultad la una de la tarde… ¿Está bien?-
-Si… está bien-
-Nos vemos mañana- y sin darle tiempo de responder a ella, colgaba. En aquel momento la escritora quedaba en el silencio de la noche, escuchando solamente la lluvia caer fuera de su ventana, sintiendo las emociones mezclarse en ella… No fue del todo una mentira… y aun así… pensaba al mantener sus ojos abiertos fijos al techo alto de su habitación, tratando de recordar porque de pronto se encontraba mas confundida.
Desde cada uno de los salones de la facultad de música se escuchaban maravillosas tonadas de los estudiantes que poco a poco progresaban con el instrumento que deseaban especializarse. Todos con pasión a cada hora, en cada clase ponían todo su empeño para ser mejores. Mas esto se veía mejor reflejado solo en las clases donde la teoría nada tenía que ver, nada de historia o literatura que servía como enriquecimiento general. Cuando se trataban de estos cursos la mayoría prefería saltearse las clases y salir a los jardines para seguir practicando con su instrumento como fuera posible para así pasar el tiempo. Entre este grupo se encontraba el joven músico a solas, pues que su mejor amigo se encontraba encerrado en alguno de los salones vacios, con Ofelia. En el pasado del joven de cabello largo y apariencia descuidada se encontraba ese nombre muy bien grabado, más que nada en su corazón. Durante sus años en la preparatoria Ofelia y él se habían convertido en la pareja perfecta, se conocían desde años y eran los mejores amigos, lo que les hacia tener una lazo único, fuerte que los hacía ser aquella pareja especial que muchos envidiaban. En aquel tiempo el camino hacia la música se veía distante en el camino de él, en aquel tiempo deseaba ser médico. Pero el giro drástico que sufriría en el último semestre de preparatoria lo cambiaria todo. Su padre dejo su hogar abruptamente, dejando solo como legado una vieja guitarra eléctrica y otra acústica, en aquel momento teniéndolas en sus manos con coraje, aquel instrumento se volvería su vida y su vida entraría en un torbellino que le haría cambiar su actitud hacia todos, hasta hacia su querida Ofelia. Comenzaba con desplantes de frialdad hacia ella y luego lentamente comenzaba a alejarse de ella, encerrándose en aquel mundo donde sus problemas eran grandes y su única menta en la vida era ser mejor que lo que era su padre. Aquello solo afecto terrible su relación sin siquiera el darse cuenta y solo recibió como pago la traición de ella…
-¿Por qué hiciste esto?- preguntaba el lleno de ira al encontrarse fuera de la escuela, a solas en uno de los callejones de los alrededores...
-Por que tu ya no estabas ahí…- decía con un tono algo molesto y a la vez lleno de sentimientos que no le permitían siquiera mirar a los ojos a su novio que molesto y frustrado se daba la vuelta quedando en silencio por un largo tiempo…
-Y tu no me buscaste… solo me dejaste ir…- como un reclamo decía el al momento de soltar un puñetazo hacia la pared más cercana, sintiendo un dolor inmenso recorrer su cuerpo y la humedad que le provocaba la sangra que comenzaba a fluir de sus nudillos, logrando llamar la atención de la joven Ofelia que le miraba con temor de pronto, provocándole acercarse a él…
-Discúlpame pero yo…-
-No tienes nada que decir… debí de suponerlo… mejor vete con Joshua, el siempre va a estar ahí para ti, no como yo- con sarcasmo decía y con pesadez comenzaba a caminar alejándose de aquella escena donde solo quedaba Ofelia con aquel aire de culpabilidad, con aquellos sentimientos cargados que le hacían darse cuenta del error grande que había cometido y que ahora no podía dar vuelta atrás. Mientras que el joven músico, solo tenía en mente la idea de querer desaparecer de pronto del mundo y poder concentrarse en lo que le interesaba en aquellos momentos, no mas amor, no más preocupación por alguien más… Solo seria yo y el mundo… pensaba al caer de pronto en que el tiempo había pasado y que ya no valía la pena pensar en aquel amor y tiempo perdido por aquel momento que cambio su vida.
“Era una tarde cualquiera y la hora de salida para los chicos de la preparatoria se anunciaba con el estruendoso timbre, que anunciaba igual la llegada del fin de semana. Todos ansiosos y apurados tomaban sus cosas y corrían fuera de los salones empujándose unos a otros, el momento de ser libres de aquel horrible uniforme y de las tareas había llegado. El fin de semana era descanso para muchos, pero para algunos otros significaba poner a trabajar la creatividad. Ese era el caso de una joven de cabello corto con gafas de marco oscuro, que entre sus brazos llevaba unos cuantos libros y una libreta donde iba escribiendo al ir caminando de la manera más precavida de las multitudes que la pasaban de largo una y otra vez. Su nombre era Colette, una alumna ejemplar, algo callada pero aun así muy bien conocida por sus premios ganados en los concursos internos de literatura del colegio. Colette era de aquellas chicas que no se pasaba horas preocupándose mucho por su aspecto, era una chica linda por naturaleza y la inocencia de su aspecto la hacía ser interesante para varios de sus compañeros, mas para ella no era interesante rodearse de aquellos y dejar de lado sus estudios. Se encontraba en el último semestre de preparatoria y su mentalidad estaba fijada en el próximo examen de admisión que se acercaba cada vez más.
Así que el hecho de ser fin de semana no le llamaba mucho su atención y lo único que deseaba era salir del colegio y esperar a que llegaran por ella, esperando hacerlo sin sufrir ningún accidente. Pero su suerte, no era del todo buena siempre y en aquel momento justo antes de pasar el portal principal del colegio su cuerpo chocaba con otro. Los libros de sus brazos caían al suelo y su expresión de inmediato mostraba vergüenza y de rápidamente agachándose comenzaba a recoger los libros…
-Discúlpame… es que no iba por donde iba- decía ella sin siquiera mirar con quien había sido el impacto, importándole solamente salir de aquella situación o más rápido posible…
-No te preocupes… también ha sido mi culpa- se escuchaba en respuesta una voz que le era desconocida por completo y le hacía levantar la mirada de inmediato, encontrándose de frente a un chico de estatura mayor a la promedio, que tras sus gafas ocultaba una mirada melancólica. El silencio se forjo de parte de Colette que se quedaba mirándolo por un momento, solo observando con sorpresa como aquel se agachaba junto a ella y le ayudaba a levantar sus cosas del suelo, para luego ayudarla a ella a ponerse de pie…
-¿Te encuentras… bien?- preguntaba si apenas momentos antes de quedar sin aliento al mirar fijamente a los ojos a la chica que inconscientemente sujetaba de la mano. Aquella primera vista, los hizo permanecer por un momento en silencio solo mirándose uno al otro como si se reconocieran de algún lugar…
-Soy Colette…-
-Yo… soy Alex- quejándose de pronto se tomaba de las manos y miraba las manos de la chica de cortos cabellos que observaba con sorpresa el rastro rojo y húmedo que había quedado en estas…
-Es…estas sangrando- decía Colette al tomarle del brazo para así llevarlo con rapidez a la enfermería del colegio, dejando atónito al joven músico que solo se dejaba llevar por ella, sintiendo algo en su pecho que le hacía sentir calidez, una calidez que en aquel momento le hacía olvidar por unos instantes aquel mal sabor de boca que le había dejado, el dejar a su primer amor atrás.
Desde ese momento preciso, aquellos dos no volverían a estar lejos uno del otro por un par de años, antes de que el destino les separara abruptamente y no les dejara volver a saber uno del otro, por un largo tiempo.”
Capitulo 5
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