Aquel retraso parecía ser de nueva cuenta obra del destino, pues desde que había salido de casa para hacer aquel esperado viaje todo había sido complicación, tras complicación. Pero ahora la pregunta era ¿Qué hacer? Estaba ya atardeciendo, su última comida había sido horas atrás y el dinero en sus bolsillos si apenas alcanzaba para obtener algo decente donde quedarse a pasar la noche y comer, quedando así a expensas de lo que pudiera ocurrir a la mañana siguiente…
-No podía pasarme esto a mi…- decía ella al tomar la mochila que se encontraba a su lado al estar sentada en aquel banco, mirando de un lado a otro a las pocas personas que como ella habían terminado varados en aquella estación. Al poco tiempo su mente comenzó a elaborar un plan que tal vez le ayudaría a pasar la noche. Días atrás al estar de paso por la ciudad había conocido a un joven de la facultad de literatura de la ciudad que le había ayudado aquellos tres días que había conseguido quedarse y que le había traído hasta la estación aquella misma tarde. Tomando su mochila no queda mas que ponerse de pie y buscar de donde comunicarse con Juan Carlos, pero el teléfono móvil que uno de sus hermanos mayores le habían proporcionado al ella marcharse de casa se había estropeado en una de sus desaventuras de los ríos que le habían quedado de camino. Su aspecto no era mejor que el de algún vagabundo residente de la ciudad así que la gente le miraba con extrañeza. Mas Liliana siempre fue lista para salir de aquellas situaciones que le ponían en un dilema como aquella…
-Disculpe que los moleste… pero me he quedado varada y…-
-No, ahora no… con permiso- le interrumpía la voz grave de la joven pareja que esperaba que le ayudasen al prestarle su móvil, mas con algo de temor se alejaban de ella y la miraban como un ser insignificante y peligroso, reacción que era tan común a cada parada que había hecho. Más sin perder la esperanza siguió preguntando persona tras persona recibiendo la misma respuesta una tras otra. La desesperación comenzó a hacerse parte de ella y dándose por vencida volvía a sentarse a aquel banco donde había estado esperando…
-Nunca voy a salir de aquí…- decía al respirar profundamente y cerrar los ojos al acomodarse en su asiento esperando descansar un momento y pensar por un momento que otra cosa podría ser posible para salir de ahí. El pedir ayuda de las personas no había funcionado por aquel viejo estigma o temor que la sociedad tenia sobre los que como Liliana habían recorrido kilómetros, sin la posibilidad de tomarse una buena ducha o lavar sus ropas. Para el mundo ella había dejado de ser aquella joven con licenciatura en medicina y pasaba a ser una joven vagabunda que podría hacer cualquier cosa para obtener ayuda. En aquel momento Liliana sentía que todas las puertas se habían cerrado y que la única opción seria quedarse en aquel banco y dormir hasta la mañana siguiente…
-Señorita… lamento esto pero por favor tiene que dejar la estación, debido a que esto no es un hotel o algo parecido- le informaba de momento uno de los miembros de seguridad de la estación…
-No, no… es que usted no entiende no tengo donde quedarme y mañana por la mañana saldrá mi autobús…-
-Lo siento señorita… pero tiene que retirarse-
-Por favor, no me moveré de este banco… necesito quedarme en algún sitio, ya es de noche y no tengo dinero yo…- suplicaba con desesperación al tratar de no llorar por aquella falta de cortesía solo por su apariencia, pues a su alrededor podía observarse a otras personas descansando en espera de su autobús…
-Por favor acompáñeme…- y sin más tomándola de uno de los brazos sin resistencia Liliana terminaba fuera de la estación, como un vagabundo más. En aquellos momentos ya no había otra opción más que gastar sus últimos 400 pesos en una habitación y esperar que al día siguiente, algún milagro se le presentara.
El viaje lleno de desventuras estaba comenzando a cansar a la joven de 24 años que hacia 6 mese había salido de casa. Ahora fuera de la estación, con su mochila sobre el hombro y un camino por recorrer tenia la esperanza de encontrar a alguien que le pudiera ayudar, o bien un teléfono publico del cual se pudiera comunicar con Juan Carlos, aquel que a pesar de su apariencia malgastada le había brindado una mano. Pero la noche hacia peligrosa cualquier calle en aquella ciudad donde todo podía suceder. El temor en las noches siempre solía florecer en Liliana, pues era cuando menos le gustaba encontrarse sola y era el único temor que aun no podía derrotar. Sujetándose con fuerza de tirante de su mochila solo miraba alrededor alerta, esperando encontrar un sitio donde poder quedarse, pero parecía que de antemano todo establecimiento había desaparecido, y ahora todo lugar que le hubiera parecido cerca por la tarde parecía tan retirado por la noche. De pronto al verse en ningún lado el paso de Liliana se detenía por completo y con temor miraba de un lugar a otro, mas no se veía ningún establecimiento, ni la estación de autobuses y mucho menos alguna persona que le pudiera ayudar. Para aquel momento Liliana había quedado desamparada y perdida en medio de la nada, en una ciudad donde nadie le brindaría una mano, donde la única persona que le ayudaría se encontraba lejos y con la idea de que ella ya había partido, había iniciado su última desventura.
“Noticia de ultimo momento, alrededor de las 10:24 am se ha encontrado el cuerpo sin vida de una joven, cuya identidad aun es desconocida. Se le encontró con la ropa desgarrada y alrededor de ella, lo que se cree eran sus pertenencias. Se mostro con un gran numero de hematomas en todo el cuerpo, así como rastros de una posible violación. Por ultimo se presume que la joven iba de camino a la estación de autobuses debido a la poca distancia que se le encontró de aquel lugar.”
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